
¿Cuáles son los factores que se deben considerar y cómo evaluar la corrosión en un entorno o aplicación específica?

Las estructuras metálicas —especialmente aquellas fabricadas con acero— están ganando cada vez más popularidad en diversas industrias. Esto se debe principalmente a la gran libertad de diseño que el acero ofrece a los proyectistas, gracias a su resistencia específica natural (la relación resistencia-peso, que es la más alta entre todos los elementos de construcción), su disponibilidad y eficiencia. Sin embargo, cuando se expone a agentes externos, todas las características mencionadas anteriormente se ven comprometidas debido a la corrosión. De hecho, una protección adecuada contra la corrosión es vital no solo para proteger la estructura en sí, sino también para preservar todas las propiedades relacionadas con el rendimiento del metal.
Diferentes entornos requieren distintos tipos de protección contra la corrosión.
La manera en que protegemos las estructuras metálicas contra la corrosión depende principalmente de la corrosividad del material; sin embargo, hay muchos otros factores que influyen en el comportamiento frente a la corrosión. La protección contra la corrosión de los productos puede evaluarse con mayor precisión mediante pruebas de exposición de muestras y productos en condiciones ambientales atmosféricas reales, ya que el entorno que rodea a la estructura tiene el mayor impacto en la corrosión. Por lo tanto, es necesario probar los productos en las condiciones en las que serán utilizados, para poder proteger adecuadamente la aplicación contra la corrosión.
Cómo evaluar la corrosión en un entorno o aplicación específica
Bajo ciertas circunstancias, la corrosividad y, en consecuencia, las tasas de corrosión de productos de zinc y acero pueden estimarse cuando se conocen los parámetros atmosféricos típicos de una aplicación determinada:
- Temperatura y humedad: un aumento en la temperatura incrementa la velocidad de las reacciones químicas, lo que también eleva la tasa de corrosión (esto es especialmente cierto cuando la humedad relativa se mantiene constante). Por otro lado, el aumento de la temperatura facilita el secado de superficies húmedas y puede reducir las tasas de corrosión. A temperaturas por debajo del punto de congelación, la corrosión es prácticamente nula. Por lo tanto, la influencia de la temperatura en la corrosión puede ir en ambas direcciones, dependiendo también del nivel de humedad; de hecho, en ausencia de humedad, la mayoría de los contaminantes tienen poco o ningún efecto corrosivo.
- Cloruros: la salinidad atmosférica incrementa notablemente las tasas de corrosión. Los cloruros tienen múltiples efectos perjudiciales sobre la corrosión de los metales, como la disminución de la humedad de saturación, la formación de productos de corrosión solubles (por ejemplo, cloruros metálicos), y la destrucción de películas pasivas en metales como el acero inoxidable y el aluminio.
- Dióxido de azufre: de todos los contaminantes atmosféricos que provienen de procesos industriales como la combustión de combustibles y la fundición de metales, el dióxido de azufre es el más importante en términos de concentración y su efecto sobre las tasas de corrosión. Cuando se dispersa en la atmósfera, acidifica el electrolito en la superficie y provoca la formación de productos de corrosión solubles. Las tasas de corrosión aumentan así en muchos metales, como el zinc, el acero, el aluminio y el acero inoxidable.
Categorías de evaluación de la corrosión – Clases C según ISO 9223:2012
La clasificación de clases C (de C1 a C5) se basa en las normas BS EN ISO 12944-2 y BS EN ISO 9223, y proporciona un sistema estandarizado para evaluar la corrosividad de las atmósferas. Los valores reportados son válidos para acero, zinc, aluminio y cobre, y establecen una relación entre las condiciones ambientales y las tasas de corrosión. Esta clasificación es la más utilizada y común tanto en la industria de la construcción como en las empresas manufactureras.
El resultado de este enfoque es una tasa estimada de corrosión del zinc o del acero en un entorno determinado. Las tasas de corrosión obtenidas definen la categoría de corrosividad predominante (clase C, ver tabla 3). Según lo indicado en la norma, la posible desviación al usar datos ambientales y la función dosis-respuesta puede ser de hasta un 50 %.
Factores como la acumulación de sustancias corrosivas o la corrosión galvánica, que pueden tener un efecto significativo en la tasa de corrosión, no se consideran en este enfoque. No obstante, mientras no estén presentes estas otras fuentes potenciales de corrosión, los resultados de este cálculo suelen ser lo suficientemente precisos como para permitir la selección del material adecuado.
La corrosión es un proceso natural influenciado por factores ambientales variables que no pueden preverse durante toda la vida útil diseñada. Por ello, siempre se recomienda adoptar un enfoque conservador en el uso de productos de fijación e instalación.